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El otro día estaba en el parque de barras de mi barrio.
Yo andaba colgado de una barra intentando no parecer un chorizo al sol, cuando escuché un resoplido exagerado a mis espaldas. Era mi colega Iván, que se acababa de subir a las paralelas para hacer fondos.
—Felipe, mírame este set —me dijo, con la vena del cuello a punto de explotar.
Iván empezó a bajar. Bajaba temblando, y cada vez que empujaba para volver a subir, sus hombros se le pegaban literalmente a las orejas. Su cuello desapareció por completo. Parecía una tortuga asustada intentando meterse dentro de su caparazón a la velocidad de la luz.
Al terminar la cuarta repetición, se bajó de un salto y se llevó la mano a la parte delantera del hombro, haciendo una mueca de dolor digna de un Óscar.
—Joder, tío —se quejó, masajeándose la articulación—. Los fondos son el demonio. Me pincha el hombro una barbaridad. Yo creo que es un ejercicio lesivo por naturaleza, no estamos hechos para empujar así.
Solté una carcajada y me bajé de mi barra.
—Iván, animal. Los fondos no son lesivos. Lesivo eres tú, que te mueves con menos control que un chimpancé en una cacharrería.
Me miró ofendido.
—A ver, iluminado, si duele es porque el ángulo es malo —se defendió.
—Te duele porque haces la tortuga —le contesté—. Te encoges entero. Si dejas que el hombro se te vaya a las orejas mientras empujas todo tu peso, lo raro es que no se te salgan las clavículas por la boca.
Intenté explicarle un poco más, pero claro, yo no soy biomecánico. Yo soy un estudiante de la secta que sabe lo justo para no romperse. Y cuando te pones a hablar de escápulas con un colega en un parque, su cerebro desconecta.
Así que hice lo más inteligente: saqué el móvil.
Resulta que Pau, que debe de tener cámaras ocultas en todos los parques de España, acababa de subir un vídeo a YouTube hablando exactamente de esto.
Ese pinchazo en la parte delantera del hombro haciendo fondos es más común que las excusas los lunes por la mañana. Todo el mundo le echa la culpa al ejercicio, cuando el problema es un fallo garrafal de posicionamiento.
En el vídeo, Pau va directo al grano: explica por qué ocurre esa molestia y, lo más importante, da la clave exacta sobre qué tienes que hacer con tus escápulas durante el recorrido para arreglarlo al instante. Es un ajuste tan tonto que cuando lo ves te sientes hasta un poco imbécil por no haberlo pensado antes.
Si tú también te conviertes en una tortuga asustada cuando haces fondos, o si has dejado de hacerlos porque «te pincha», hazte un favor y mira esto antes de volver a las paralelas:
[Cómo evitar el dolor de hombro al hacer fondos]
A Iván se lo puse en la pantalla del móvil allí mismo. Ojalá lo hubiera visto hace dos años.
Felipe.
P.D.: Después de ver el vídeo, Iván se subió a las barras, ajustó los hombros como dice Pau y se hizo cinco repeticiones limpias sin dolor. Se bajó diciendo que los Pablos hacían «brujería». Yo digo que es saber cómo funciona tu chasis, pero allá cada cual con sus creencias. |