Querido Felipe de septiembre:

Te escribo desde enero. Desde ese lugar de cada año en el que uno se compra una libreta nueva, se mira al espejo con cara de capitán de barco y decide que ahora sí va a poner orden.

Tengo delante la lista que me dejaste el año pasado.

"Hacer el pino."

"Ganar fuerza."

"Moverme mejor."

Muy bonita, cabrón.

También bastante inútil.

Porque aquí estoy otra vez, con la misma lista, intentando averiguar qué se supone que hago el primer martes de enero. ¿Practico el pino hasta que me caiga encima de una mesa? ¿Gano fuerza en qué? ¿Moverme mejor significa que dejo de hacer el ruido de un armario viejo al bajar unas escaleras o que me pongo a bailar samba?

Deberías dejarme una primera sesión, una progresión y a alguien que mire lo que estoy haciendo y diga: "Felipe, esto que estás montando tiene menos sentido que un cenicero en una moto".

Solo tres deseos grandes, una motivación que dura lo que tarda en llegar la primera semana rara y un montón de vídeos guardados que nunca vuelvo a abrir.

Firmado,

Felipe de enero, que ya está hasta los huevos.

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La carta estaba debajo de una pila de papeles. Bueno, no exactamente. La escribió mi cerebro mientras yo fingía ordenar el escritorio. Pero el cabrón tiene razón.

Septiembre tiene una costumbre curiosa: te pone delante la versión de enero de tus planes. Han pasado meses. Has hecho algunas cosas, has dejado otras y has improvisado bastante. Entonces reaparece la misma lista de siempre, con la misma letra de persona convencida y ninguna respuesta a la pregunta importante: ¿cómo se sostiene esto cuando la novedad se acaba?

El objetivo del pino es cojonudo. Ganar fuerza también. Moverte con más control y más opciones merece la pena. El problema llega cuando los objetivos viven solos, sin un camino entre el día uno y el día ciento veinte.

Porque un objetivo no te corrige una repetición. Tampoco decide si esa semana conviene mantener una progresión, cambiarla o aparcarla. No sabe qué material tienes, qué horarios te quedan de verdad, qué experiencia llevas encima ni cuánto control tienes en el movimiento que estás practicando.

Y cuando llega el primer atasco, que llega, vuelves a negociar contigo mismo como un diputado en campaña.

"Bueno, quizá el pino no era tan importante."

"Para fuerza ya hago cuatro flexiones cuando me acuerdo."

"Moverme mejor es una expresión muy amplia, así que técnicamente ya estoy cumpliendo."

Mira qué cómodo. También mira qué conocido.

Tu yo de enero recibe el marrón porque tu yo de septiembre le deja una lista y desaparece.

Ahí es donde entrael onlain coaxin este, que sigue sonando a empresa de calefacciones noruega.

Entras con objetivos, historial, disponibilidad, preferencias, material y unos tests. A partir de ahí, el equipo Enso diseña un programa individual para el trimestre. Revisan el entrenamiento, las sensaciones, los datos y la ejecución técnica. Si hay que ajustar volumen, intensidad, ejercicios, progresiones, restricciones o prioridades, se ajusta. También tienes un canal privado para coordinarte y hacer seguimiento.

Y sobretodo están siempre ahí para cuando lo necesitas. A veces parece que no duermen los cabrones.

La diferencia es que el proceso deja de ser una colección de decisiones a ciegas tomadas a las diez y media de la noche, cuando llevas todo el día pensando en otra cosa.

Y sí, a enero le vendría bastante bien eso.

Le vendría bien empezar con una dirección clara en vez de una frase inspiradora escrita en mayúsculas. Le vendría bien que alguien revisara lo que ocurre cuando el plan choca con la realidad. Le vendría bien llegar a la siguiente temporada con algo más sólido que "este año me lo tomo en serio", que es una frase que ya conocemos todos y no cobra por horas.

Puedes dejarlo pasar y seguir con tu libreta, tus marcadores fluorescentes y tu pacto anual con la versión optimista de ti mismo. Cada uno se entretiene como quiere.

Pero si te apetece dar a tus objetivos un plan de verdad, los ensimuvis abren pocas plazas porque el seguimiento individual y las revisiones semanales tienen un límite. No te joroba, todo es trabajo no se hace solo.

Chapan la puerta el 20 de septiembre. No es el último aviso, pero la decisión ya tiene fecha y cada vez quedan menos planzas.

Desde el último correo han entrado 3 motivaos (Já. No saben lo que les espera). Yo de ti le echaba un ojo. A mi me da igual, yo ya estoy dentro.

[Yo también soy un motivao]

Yo voy a responderle a enero. Se lo debo al pobre desgraciado.

Felipe

Enso Movers
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