|
El martes estaba en el gimnasio, tirado en la colchoneta intentando hacer una transición de movilidad en el suelo sin parecer una morsa epiléptica.
A pocos metros de mí, en la jaula de sentadillas, estaba Andrea.
Pero no era la Andrea de siempre. Tenía unas ojeras que le llegaban al código postal vecino, bostezaba cada diez segundos y se movía con la agilidad de un zombi de The Walking Dead. Aun así, la vi cargar la barra olímpica con dos discos de veinte a cada lado.
Me levanté del suelo y me acerqué a la jaula.
—Andrea, tienes una cara de haber dormido menos que un vampiro en verano —le dije—. ¿Seguro que es buena idea meterte debajo de los cien kilos hoy?
Me miró con los ojos entrecerrados y señaló la pantalla de su móvil, que estaba apoyado en el soporte del agua.
—Tengo que hacerlo, Felipe. He estado currando en un proyecto de la agencia y he dormido tres horas, sí. Pero el Excel dice que hoy es la semana cinco, día dos. Me toca un cuatro por cuatro al 80 % de mi RM. El mesociclo no perdona.
—El mesociclo no perdona, pero tus lumbares te van a pasar la factura del gas —le contesté.
Me ignoró olímpicamente. Se metió debajo de la barra, la sacó del soporte y empezó a bajar.
Fue un poema. Como no tenía energía ni para parpadear, el core le falló en la bajada, el pecho se le fue hacia adelante y subió la barra haciendo una especie de "buenos días" con la espalda redondeada como un gato asustado. Cuando dejó la barra en el soporte, estaba temblando.
—Andrea, por el amor de Dios —le dije, negando con la cabeza—. Casi te dejas una hernia en el tatami. Tu cuerpo hoy no está para esto.
—El Excel dicta el volumen, Felipe. Si bajo los kilos, pierdo la progresión matemática de la hipertrofia.
—Ese es tu problema, Andrea. Que tu Excel es un puto documento muerto. Al Excel se la suda que hayas dormido tres horas, que tengas la cadera bloqueada por el estrés o que tu sistema nervioso central esté frito. Tratas a tu cuerpo como si fuera una máquina que solo obedece a fórmulas de una celda de ordenador.
Me miró enfadada, pero mientras se frotaba la zona lumbar con disimulo, supe que me estaba dando la razón en secreto.
La gente se gasta el dinero en rutinas mágicas, en PDFs descargables de culturistas rusos o en hojas de cálculo cerradas a cal y canto, y luego se frustran cuando se rompen. Se olvidan de que el entrenamiento no es un dictado; es una conversación con tu cuerpo.
Y te cuento todo esto porque ahí es donde la secta de Enso Movers marca la diferencia.
En nuestro onlain coaxin, no te mandan un PDF de 12 semanas el primer día y se desentienden. El entrenamiento es un ser vivo. Los Pablos, junto a su escuadrón de esbirros, están al otro lado de la pantalla. Si tú has dormido tres horas o te pincha un hombro, das feedback. Y el plan evoluciona y se ajusta semana a semana para que sigas progresando sin partirte en dos.
Pero para tener un plan a medida, primero tienen que saber a quién le están cosiendo el traje.
Y por eso abren las puertas ahora.
Las plazas para el trimestre de julio-septiembre ya están disponibles.
El trimestre empieza en julio, sí. Pero la barrera de entrada es la Evaluación Inicial, y esa se hace AHORA, en estas semanas de junio.
Tienen que pasarte por el taller, examinar cómo te mueves, medir tus limitaciones y construir los cimientos. Si te esperas a julio, te vas a quedar fuera porque no habrá tiempo material para hacerte la ITV, y tendrás que seguir comprando Excels genéricos por internet. Las plazas vuelan porque evaluar a la gente a fondo lleva muchísimo tiempo.
Si quieres dejar de obedecer a un documento muerto y empezar a entrenar de verdad:
[Quiero entrar en el trimestre julio-septiembre y evaluarme en junio]
A Andrea le dije que se quitara kilos y bajara la intensidad. Me llamó flojo, pero la vi quitar un disco de cada lado cuando me di la vuelta. Hay esperanza.
Felipe. |