El sábado quedé a tomar un café con mi colega Tomás.

Tomás apareció por la plaza con un trasto colgado del cuello que parecía sacado de un transbordador espacial. Era una cámara de fotos profesional. Un bicho negro, enorme, con un objetivo que parecía un cañón antitanque.

Se sentó en la mesa con cuidado de no golpear su nuevo juguete contra la silla.

—¿Qué te parece, Felipe? —me dijo, hinchando el pecho—. Dos mil pavos. Sensor de formato completo, estabilizador de cinco ejes, enfoque al ojo de última generación. Una bestia.

—Joder, Tomás. No sabía que te ibas a cubrir guerras para el National Geographic —le contesté—. ¿A ver qué fotos haces?

Agarró la cámara, apuntó a una paloma que estaba comiendo migas a tres metros de nosotros y disparó. Me enseñó la pantalla con una sonrisa de orgullo.

La foto era un desastre. La paloma salía movida, el fondo estaba quemado por el sol y la farola de atrás estaba perfectamente nítida mientras que el pájaro era un borrón gris.

Tomás frunció el ceño y empezó a darle golpecitos a la pantalla.

—Creo que el objetivo está defectuoso —murmuró, visiblemente cabreado—. Dos mil euros y me sale el pájaro borroso. Voy a tener que devolverla.

Eché un vistazo a la ruedecita de arriba de la cámara. Estaba puesta en la letra «A». Modo Automático.

—Tomás, animal —le dije, dándole un sorbo a mi café—. La cámara está perfecta. El que está defectuoso eres tú.

Me miró ofendido.

—Te has comprado un Ferrari para ir a comprar el pan en primera marcha —continué—. Disparas en automático porque no tienes ni puñetera idea de lo que es la apertura del diafragma, la velocidad de obturación o el ISO. Tienes la mejor herramienta del mercado colgando del cuello, pero como no sabes darle instrucciones, la cámara hace lo que le da la gana. Y el resultado es una mierda.

Tomás suspiró, acariciando el objetivo.

—Es que en modo manual hay demasiados botones, tío. Yo solo quiero darle al botón y que salga bien.

Y ahí me di cuenta de que Tomás no es el único que sufre de este mal. De hecho, los gimnasios y los parques están llenos de "Tomases".

Gente que se gasta un dineral en zapatillas de halterofilia, se paga la cuota del gimnasio más caro de la ciudad, se compra suplementos con nombres impronunciables... y luego llega allí y entrena en "Modo Automático".

No tienen ni idea de volumen, ni de intensidad, ni de selección de ejercicios. Improvisan. Hacen tres series de lo que les apetece ese día o de lo que han visto en un vídeo de diez segundos. Tienen la mejor herramienta del mundo (su propio cuerpo), pero como no saben darle instrucciones, los resultados son borrosos. O peor, acaban lesionados y le echan la culpa a la genética, a la edad o a que "el gimnasio no es para ellos".

Pero si dejas de ir en automático y aprendes a tocar los botones, la cosa cambia. O mejor aún: si le pagas a unos profesionales para que te configuren los botones semana a semana.

Para eso está el onlain coaxin de Enso Movers.

Los Pablos, junto a sus esbirros, acaban de abrir las plazas para el trimestre de julio-septiembre.

Ellos son los que saben exactamente qué botones tocar. No te dan una plantilla genérica y se lavan las manos. Te hacen un plan a medida, te piden feedback constante y van ajustando la máquina semana a semana para que no te estanques ni te rompas.

Pero ojo, porque la cámara no se calibra sola el mismo día del disparo.

El trimestre empieza en julio, sí. Pero la Evaluación Inicial se hace AHORA. En pleno mes de junio.

Tienen que analizar tus vídeos, ver cómo te mueves, examinar tus bloqueos y estudiar tus eslabones débiles. Todo ese trabajo de ingeniería lleva tiempo, por eso las plazas son limitadas y se agotan rápido. Si esperas a julio para apuntarte, no habrá tiempo material para evaluarte y te quedarás fuera.

Si estás harto de entrenar en modo automático, dar palos de ciego y echarle la culpa al "objetivo", deja que te guíen los que saben:

[Quiero entrar en el trimestre julio-septiembre y que me evalúen en junio]

A Tomás le dije que se leyera el manual de instrucciones de la cámara. Me dijo que era muy gordo y que mejor iba a hacer fotos de paisajes, que se mueven menos.

A veces no hay remedio. Tú decides si quieres seguir sacando fotos borrosas.

Felipe.

P.D.: Al final Tomás ha decidido usar su cámara de 2000 pavos para hacerse selfies en el espejo del baño. Dice que el desenfoque del fondo le quita las arrugas. En fin, Dios da pan a quien no tiene dientes.

 

P.D. 2: Por cierto, si quieres empezar a tocar los botones de tu cuerpo pero no tienes material ni sabes por dónde arrancar, Pau acaba de subir un vídeo nuevo a YouTube (puedes verlo aquí). Es una rutina de movilidad de isquios para principiantes, totalmente guiada (follow along, que dicen los modernos, para que sufras a la vez que él en tiempo real) y sin usar material. Échale un ojo si estás cansado de tener la flexibilidad de un Playmobil.

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