|
Voy a decir algo que igual molesta a los amantes del cuaderno bonito, el boli bic y la hoja de cálculo con 47 pestañas:
Medir el entrenamiento está de puta madre.
De verdad.
Apuntar cargas, series, repeticiones, asistencia, rangos, tiempos, descansos, sensaciones, progresiones y demás movidas te ayuda a entrenar mejor.
El problema es que luego hay que hacerlo.
Y ahí es donde se desmonta el castillo de naipes.
Porque en la teoría todos somos físicos de la NASA.
"Sí, sí, voy a cuantificar mi entrenamiento, voy a controlar mis deltas, voy a analizar tendencias, voy a optimizar mi práctica como un atleta soviético con WiFi".
Muy bonito.
Luego llega el martes a las 20:43, estás sudando como un pollo, acabas de hacer una serie que te ha dejado viendo a tus antepasados, y tienes que abrir un Excel para apuntar que has hecho 6 repeticiones con una goma azul, medio rango, dos segundos de pausa y un temblor de pierna que no sabías si era fatiga o exorcismo.
Y claro.
Te entran ganas de mandar la cuantificación a tomar por culo.
Esto los Pablos lo dicen mucho.
Medir cosas está bien.
Cuantificar está bien.
Tener datos está bien.
Pero la práctica real requiere trabajo. Requiere constancia. Requiere que el sistema sea lo bastante fácil como para usarlo cuando estás cansado, sudado, con prisa y con la cabeza pensando en cenar.
Si el sistema te pide más energía que el propio entrenamiento, mal asunto.
Y aquí entra Pau.
Pau, que además de torturador oficial de caderas tiene un doctorado en física y es un friki de los datos, llevaba tiempo hasta las narices de rellenar hojas de Excel.
Pero hasta las narices nivel "si tengo que duplicar otra pestaña con fórmulas raras me tiro por la ventana".
Porque claro, entrenar como entrenamos en Enso no encaja muy bien en la típica app de gimnasio donde pones:
Press banca.
3 series.
10 repeticiones.
Fin.
Eso está muy bien si tu vida cabe en un PushPullLegs y tu mayor aventura semanal es cambiar la máquina de femoral sentado por femoral tumbado.
Pero cuando haces movilidad, fuerza, calistenia, rangos raros, asistencias, progresiones, ejercicios que parecen inventados por un señor con fiebre y nombres que suenan a criatura mitológica, la cosa se complica.
A ver cómo metes en una app normal algo tipo:
"Transición de sentadilla profunda a shin box con apoyo parcial de mano, manteniendo control y sin parecer un ciervo recién nacido".
La app te mira y se bloquea.
Normal.
Así que Pau hizo lo que hacen los frikis peligrosos cuando se cansan de que una herramienta no les sirva:
Se puso a construir la suya.
Se llama Workout Lab.
Y tiene bastante sentido si entrenas algo más complejo que "pecho lunes, espalda martes, alma rota miércoles".
Lo primero: puedes crear ejercicios raros sin pedir perdón.
Esto me parece importante.
Porque si entrenas en serio, tarde o temprano tu práctica se llena de variantes, adaptaciones y experimentos. No haces solo "sentadilla". Haces sentadilla con tempo, con pausa, con rango limitado, con asistencia, con intención concreta, con una posición que tu yo de hace cinco años habría considerado brujería.
Workout Lab te deja registrar eso sin tener que forzar tu entrenamiento dentro de una plantilla pensada para culturistas con shaker fosforito.
Lo segundo: puedes medirlo TODO.
Series, reps, cargas, tiempos, notas, objetivos, progresos, deltas y toda esa mandanga que a Pau le pone ojitos.
Y sí, suena friki.
Lo es.
Pero cuando empiezas a ver que una asistencia baja, que un rango mejora, que una carga sube o que una variante que antes te humillaba ahora empieza a obedecer, la cosa cambia.
Deja de ser "creo que voy mejor".
Empieza a ser "mira, cabrón, aquí está el dato".
Lo tercero: es fácil de usar.
Que esto parece una tontería, pero no lo es.
La mejor herramienta del mundo no sirve de nada si necesitas un máster para apuntar una serie.
Y si hay algo que Pau tenía claro era esto: la app tenía que ayudar a entrenar, no convertirse en otro entrenamiento más.
Porque bastante tenemos ya con que los Pablos te manden cosas como "solo tres ronditas suaves" y luego esas tres ronditas te dejen con la dignidad colgando de una barra.
Ahora viene la parte que a Pau le hace especial ilusión.
La idea del laboratorio.
Workout Lab no quiere ser solo una libreta digital con botones bonitos.
La idea es que sea un laboratorio para tu entrenamiento.
Un sitio donde no solo apuntas lo que haces, sino donde empiezas a entender qué está pasando.
Qué sube.
Qué baja.
Qué se estanca.
Qué variante te ayuda.
Qué objetivo va mejorando.
Qué delta te dice que algo se está moviendo en la dirección correcta.
Y esto, si eres de los nuestros, es una frikada preciosa.
Porque entrenar no va solo de hacer más por hacer más.
Va de practicar, observar, ajustar y volver a probar.
Como un laboratorio, pero con más sudor y menos bata blanca.
Y seguramente con más gemidos raros en el suelo.
En fin.
Si entrenas cosas raras, si mezclas fuerza con movilidad, si te gusta medir sin convertirte en esclavo de una hoja de cálculo, o si simplemente quieres dejar de apuntar tus entrenamientos como si estuvieras haciendo la contabilidad de una ferretería, échale un ojo.
Workout Lab está gratis durante un mes.
GRATIS.
Un mes entero para probarla, meter tus ejercicios raros, medir tus progresos y ver si te encaja.
Si luego no te gusta, pues nada.
Sigues con tu Excel, tus celdas fusionadas y tu pequeño infierno administrativo.
Yo no juzgo.
Bueno, un poco sí.
Puedes entrar aquí:
La App de los Frikis de verdad
Ahí lo tienes.
Pruébala ya, que Pau se ha pegado el curro precisamente para que tú no tengas que seguir peleándote con una hoja de cálculo después de entrenar.
Felipe.
P.D.: Si creas un ejercicio con un nombre ridículo, acuérdate de que eso también cuenta como progreso personal.
P.D. 2: Y si la app te hace mirar tus datos y darte cuenta de que llevas tres semanas haciendo el vago, no culpes a Pau. Culpa a los datos. Son unos chivatos. |