El jueves pasado estaba tomando un café con mi colega Paco.

Paco levantó el brazo para pedirle la cuenta al camarero y, de repente, pegó un gruñido gutural, se encogió sobre sí mismo y se agarró el hombro como si le hubieran disparado con un dardo envenenado.

—¿Qué te pasa, animal? —le pregunté.

—El hombro, tío. Me duele. Lleva semanas jodiéndome.

—Vale, pero ¿cómo te duele? —indagué, poniéndome en modo investigador—. ¿Es un pinchazo agudo al subir? ¿Es un dolor sordo y constante? ¿Te quema? ¿Te tira?

Paco me miró parpadeando, con la misma cara que pondría un perro si le haces un truco de magia con una moneda.

—Pues... me duele. Mucho. Es un dolor de... de que jode, Felipe. No sé. Me duele "ahí".

Señaló un área abstracta que abarcaba desde el cuello hasta el codo. Un nivel de precisión anatómica envidiable.

Me di cuenta de que Paco, un tío de 42 años con una hipoteca y dos hijos, tiene el vocabulario corporal de un niño de tres años. Para él, su cuerpo solo tiene dos estados: «funciona» o «duele». No hay matices.

Y es curioso, porque precisamente el domingo estaba buceando por la nueva comunidad de Skool de Enso Movers y me topé con un post de Aroa (una de las coaches de la secta) que hablaba exactamente de esto: el lenguaje del dolor.

Aroa contaba que por sus clases presenciales pasan decenas de personas con agujetas y lesiones varias (porque, no nos engañemos, si te mueves con ambición, alguna vez te va a tocar pasar por boxes, es ley de vida).

Y explicaba lo frustrante que es que la gente no sepa explicar CÓMO le duele algo.

No es lo mismo sentir una «quemazón» o calor (que suele ser un tema nervioso, como una falsa ciática), que sentir «fricción o impactación» (como si tuvieras arenilla en el engranaje del hombro y te chocara el hueso).

Aroa explicaba que tener este vocabulario no solo le salva la vida al fisio o al entrenador que te tiene que arreglar, sino que te concede a ti una paz mental brutal. Porque cuando sabes ponerle nombre a lo que sientes, dejas de pensar que te vas a morir y empiezas a entender qué botón no debes tocar para autotratarte.

En el post, Aroa animaba a la comunidad a crear un diccionario colectivo de "pupas" y sensaciones. Y la gente está respondiendo con unas descripciones que ríete tú de la Real Academia Española.

Y te cuento esto porque este es el tipo de oro puro que se respira a diario en la nueva sede digital de Enso Movers.

No es un grupo aburrido donde la gente sube fotos de su desayuno. Es una comunidad donde se debate, se aprende y se habla de movimiento con un criterio que asusta.

Y lo mejor de todo: entrar en la comunidad de Skool, leer el post de Aroa y participar en el debate es totalmente GRATIS. Al cruzar la puerta, además, tienes acceso por la cara al Curso de Movilidad y al de Equilibrios.

Ahora, si quieres ir un paso más allá y reservar tu asiento en la zona Premium, te recuerdo que el reloj hace tic-tac.

Estamos a finales de mayo y la promo Early Bird sigue activa. Ahora mismo la sección de pago está en construcción, pero si te suscribes ya, pagas solo 11,99 € al mes (o unos 9 € si pillas el plan anual) y congelas ese precio para toda la vida.

Si quieres dejar de hablar el idioma de los neandertales cuando te duele algo y empezar a entender tu chasis, pásate por la comunidad.

[Quiero entrar GRATIS a Skool y aprender el idioma del dolor]

Yo le pasé el post a Paco a ver si encontraba la palabra exacta para su hombro. De momento dice que siente «fricción arenosa». Algo hemos avanzado.

Felipe.

P.D.: Entrar es gratis. Aprender a quejarte con propiedad, también. Nos vemos en los comentarios del post de Aroa.

P.D. 2: Recuerda que, como cada lunes, tenemos nuevo vídeo en YouTube… Y puedes verlo aquí.

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