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Estaba yo en el parque, peleándome con la gravedad.
Llevaba veinte minutos intentando hacer una transición en el suelo. Quería pasar de estar en cuclillas a hacer el pino, y de ahí caer en una postura que vi en un vídeo de calistenia.
El resultado real era yo pareciendo un saco de patatas cayendo desde un segundo piso.
Estaba rojo, sudado, frustrado y con tierra hasta en los empastes. Me preparé para el vigésimo intento, cogí carrerilla, salté y... me fui de morros contra el césped.
Y entonces, desde la sombra de un roble, escuché esa voz baja y resonante.
—El árbol que crece apresurado en la primavera, es quebrado por el viento del verano, Felipe. La rama no puede buscar el cielo si la raíz no ha comprendido primero la profundidad de la tierra.
Era Pai-Do Mei. Llevaba unos pantalones de lino blanco impecables, a pesar de estar en un parque lleno de barro.
Me senté en el suelo, escupiendo una brizna de hierba.
—Pai-Do —le contesté, respirando a duras penas—. ¿Me estás llamando inútil en verso o me estás diciendo que deje de hacer el animal?
Pai-Do Mei juntó las manos con esa calma suya que me saca de quicio.
—Te estoy diciendo que el movimiento que nace del ansia es solo ruido. Buscas el clímax del salto sin haber cartografiado primero el paisaje de tus articulaciones. ¿Cómo vas a volar si no sabes dónde pisas?
Joder. Cuando el místico este tiene razón, da una rabia que te cagas.
Me quedé pensando y me di cuenta de que Pai-Do Mei acababa de describir, con sus metáforas raras de monje, exactamente lo que los Pablos le hacen a los novatos en la secta.
—Tienes toda la puta razón, Pai-Do —admití, sacudiéndome la tierra de los pantalones—. Estoy queriendo hacer la voltereta antes de saber andar. Es justo lo que los de Enso Movers evitan que hagan los nuevos. Por eso ahora mismo, en pleno mes de marzo, tienen a todos los que acaban de entrar haciendo la evaluación inicial.
Pai-Do Mei asintió lentamente, como aprobando mi epifanía.
—No les dejan empezar el trimestre de entrenamiento sin antes pasarlos por el taller —le seguí contando—. Se tiran todo este mes pidiéndoles vídeos y evaluando su "raíz", como dices tú. Ven si sus escápulas se mueven, si su cadera funciona o si están hechos de madera de pino. Y ya, con ese mapa, les preparan el programa en base a sus objetivos.
Me levanté del suelo, señalándole con el dedo.
—Pero ojo, que no es darles un plan de 12 semanas de golpe y si te he visto no me acuerdo. El plan va evolucionando semana a semana con su feedback y según vayan progresando. Precisamente para que el puto árbol no se parta en verano, Pai-Do.
Pai-Do Mei sonrió levemente.
—Los arquitectos del movimiento entienden que la paciencia de hoy es la fuerza del mañana, y que el camino se traza paso a paso— susurró, y se dio la vuelta para desaparecer caminando lentamente.
Y a ti, que estás leyendo esto detrás de la pantalla, te hago la misma pregunta que me hizo él.
¿Vas a seguir pegándote hostias intentando hacer cosas para las que tu cuerpo no está preparado o vas a pararte a medir las raíces?
Las puertas para los nuevos en el Online Coaching del trimestre de abril-junio están abiertas.
Son 12 semanas de entrenamiento brutal y a medida. Pero el peaje para entrar es ahora. Tienes que apuntarte ya para que los Pablos tengan tiempo, durante estas semanas de marzo, de hacerte la evaluación inicial.
Si quieres dejar de hacer el saco de patatas y empezar a construir algo sólido, [aquí tienes la pala para cavar la raíz].
Si no, pues nada. El césped del parque está bastante blando, te lo digo por experiencia.
Felipe. |