El sábado pasado, mi colega Mario decidió que a sus 38 años seguía teniendo el físico de un chaval de 20.

Se apuntó a un torneo de pádel (esa trituradora oficial de articulaciones para oficinistas) y, en un alarde de heroísmo para llegar a una bola imposible, se pegó una hostia monumental.

Se torció el tobillo y, al caer, se dio un tirón en el hombro que le dejó la paletilla asomando como si le estuviera creciendo un ala. Un cuadro.

Fui a verle el domingo a su casa. Su mujer me abrió la puerta suspirando y me señaló el salón.

Allí estaba Mario. Tumbado en el sofá, completamente inmóvil. Tenía el pie en alto apoyado sobre tres cojines, una venda que le cortaba la circulación y una bolsa de guisantes congelados del Mercadona sobre el tobillo.

Parecía Tutankamón en su sarcófago, pero en versión dominguera.

—¿Qué haces, animal? —le pregunté.

—El método RICE, Felipe. Rest, Ice, Compression, Elevation. Reposo, hielo, compresión y elevación. Es ciencia pura. Lo he leído en internet.

—Mario, macho... el método RICE es de la época en la que todavía alquilábamos pelis en el Blockbuster. Hasta el médico que lo inventó hace cuarenta años ha salido a decir que se equivocaba. Tu cuerpo necesita movimiento, no convertirse en una merluza congelada.

Me miró con esa condescendencia del que ha buscado sus síntomas en Google durante dos horas.

—Déjame, Felipe. Tú haz tus volteretas raras en el parque. Yo voy a hacer reposo absoluto dos semanas. El cuerpo se cura estando quieto.

Como intentar discutir con un tío que abraza una bolsa de guisantes con devoción es perder el tiempo, hice lo único que funciona en estos casos.

Le mandé el enlace del episodio del podcast que acababan de subir los Pablos en YouTube.

Le dije: "Escucha a estos dos durante un rato y luego, si quieres, sigues haciendo el faraón".

En este nuevo episodio, los Pablos se sientan a despellejar las lesiones.

Empiezan hablando de la escápula alada (justo lo que le pasaba a Mario en el hombro: qué coño es, por qué el omóplato se te despega y cómo arreglarlo).

Y de ahí, como les gusta más debatir que a un tonto un lápiz, empiezan a divagar y sueltan verdaderas bombas nucleares:

Por qué el famoso método RICE está desfasado y por qué ponerte hielo y no moverte es la mejor forma de cronificar tu lesión.

La importancia vital del movimiento temprano: tu tejido necesita estímulos suaves para saber cómo curarse, no aislamiento total.

Y algo fundamental: empoderarte de tu puta lesión. Dejar de esperar en el sofá a que pase el dolor y hacerte responsable de tu recuperación.

Ayer por la tarde me vibró el móvil. Era un mensaje de Mario.

"Felipe, tío. Tenías razón. He mandado los guisantes al congelador y he empezado a mover el tobillo y el hombro poco a poco, buscando los ángulos donde no me pincha. Joder. Ya no siento que tenga el cuerpo de madera. Dales las gracias a los Pablos de mi parte por ahorrarme tres semanas de atrofia muscular en el sofá".

No falla.

Si tú también eres de los que, a la mínima molestia, te pones en "modo momia" y rezas para que el dolor desaparezca mágicamente, hazte un favor y escúchate este episodio. Te va a cambiar la forma de entender tu cuerpo cuando se rompe.

[Escápulas aladas, el mito del hielo y cómo curarte de verdad]

Felipe.

P.D.: La bolsa de guisantes se había descongelado tanto que Mario dice que por la noche se hicieron una crema. Al menos el método RICE sirvió para la cena.

P.D. 2: De verdad, el dolor no es una excusa para apagar tu cuerpo. Aprende a gestionarlo. El podcast es oro puro para eso.

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