El otro día fui a visitar a mi colega Javi a su "Box" de CrossFit.

Javi lleva meses intentando captarme para su secta, así que fui a ver el ambiente. Y lo que vi me dejó fascinado.

Javi llegó, saludó a cinco personas con un choque de manos, le preguntó al "Coach" por su perro, se puso magnesio hasta en las cejas (aunque iban a correr), y se pasó los primeros 20 minutos de la clase hablando con una chica sobre las agujetas del lunes.

Cuando por fin empezó el WOD, Javi hizo tres burpees, miró a su alrededor, vio que todos estaban sufriendo como cerdos en el matadero, y sonrió. Siguió sufriendo, pero sonriendo.

Al acabar, nos fuimos a tomar una cerveza y nos encontramos con Sergio.

Sergio es otro amigo común, pero del bando contrario. Es el típico usuario de gimnasio comercial low-cost. De los que entran con los cascos de cancelación de ruido puestos, no miran a nadie, hacen sus tres series de bíceps mirando el móvil y se van sin decir ni "hasta luego".

En cuanto nos sentamos, Sergio atacó:

—Javi, tío, no sé cómo te dejas estafar. Pagas 80 pavos al mes para entrenar en una nave industrial sin aire acondicionado y encima te pasas la mitad del tiempo de cháchara. Yo pago 20 euros, tengo aire, máquinas de última generación y nadie me da la brasa.

Javi se limpió la espuma de la cerveza del bigote y negó con la cabeza.

—No lo entiendes, Sergio. Yo no pago por las pesas. Pago por la comunidad.

—¿La comunidad? —se burló Sergio—. ¿La comunidad del anillo?

—Ríete lo que quieras. Pero cuando estoy en el suelo, reventado, y veo al de al lado sufriendo igual que yo, saco fuerzas de donde no las hay. Si no fuera por la gente, por el grupo, por las risas de después... habría dejado de entrenar hace tres años.

Y ahí, el cabrón de Javi tenía razón. Somos animales de manada. Nos gusta sufrir acompañados.

Sergio se quedó pensando y luego se giró hacia mí con una sonrisa maliciosa.

—Vale, acepto lo de Javi. Pero tú, Felipe... tú sí que eres el pringao máximo.

—¿Yo por qué? —pregunté.

—Porque tú entrenas con el "onlain coaxin" ese de los Enso Movers. Eso sí que es triste. Estás tú solo en tu salón o en el parque, con un PDF frío, sin nadie que te anime. Ni tienes las máquinas de mi gimnasio, ni tienes los amigos de Javi. Eres un náufrago digital.

Me bebí un trago largo de cerveza antes de contestar.

—Sergio, amigo... tienes menos visión que un topo con gafas de sol.

—Ilumíname —dijo él.

—Lo que tú llamas "PDF frío" es en realidad una secta digital más potente que la de Javi.

—¿Secta? —preguntó Javi, interesado.

—Sí. Tú crees que estoy solo, pero en realidad estoy conectado con cientos de frikis como yo. Gente que comparte sus vídeos haciendo el pino, que nos envía sus miserias cuando no le sale un ejercicio, que se ríe de sus propias agujetas en el grupo.

Les expliqué que en Enso Movers no te mandan una rutina y se olvidan.

—Hay una comunidad gigante detrás. Hablamos todos los días. Nos corregimos. Nos picamos. Incluso hay gente que descubre que tiene un compañero de fatigas en su misma ciudad y quedan para entrenar juntos en el parque. No estoy solo. Estoy vigilado por los Pablos (que lo ven todo) y arropado por una tribu que entiende por qué coño un tío de 40 años quiere tocarse los pies.

Sergio seguía escéptico.

—Pero sigue siendo online. Será impersonal.

—¿Impersonal? —me reí—. Sergio, los Pablos saben más de mí que mi madre. Saben exactamente dónde me duele, qué me cuesta y qué necesito. De hecho, por eso abren las plazas ahora.

—¿Ahora? ¿En marzo? —preguntó Javi—. ¿No es para el trimestre de primavera?

—Exacto. El trimestre abril-junio. Pero abren ahora porque no es un servicio de comida rápida como tu gimnasio, Sergio. Para entrar en la tribu, hay que pasar la aduana. Necesitan este mes de marzo para hacerte la evaluación inicial. Tienen que ver tus vídeos, analizar tus carencias, ver cómo te mueves y diseñar el plan a medida. Si te apuntas el 1 de abril, ya vas tarde. No hay tiempo material para personalizarlo.

Javi asintió, respetuoso.

—Joder, pues sí que se lo toman en serio. Casi parece más profesional que mi coach, que el otro día me mandó hacer arrancadas con resaca.

—Lo es —dije—. Es tortura guiada de alta precisión. Y lo mejor es que, aunque sude solo en el salón, sé que hay otros 200 tíos sudando igual que yo en sus casas. Y eso, Sergio, une mucho más que compartir una máquina de bíceps con un desconocido que huele a Axe.

Sergio se acabó la cerveza en silencio. Creo que se dio cuenta de que su "libertad" de 20 euros en realidad es soledad.

Si tú también quieres dejar de ser un lobo solitario (o un lobo estafado) y unirte a una manada que se mueve de verdad, las puertas de la secta están abiertas.

Pero date prisa. Las plazas vuelan. Y necesitamos evaluar tu "chasis" durante marzo para que en abril tengas tu plan listo.

Si te duermes, te quedas fuera de la tribu.

Aquí tienes el formulario de ingreso:

[Quiero entrar en la Secta]

Felipe.

P.D.: Javi me ha vuelto a invitar al Box. Le he dicho que no, que yo ya tengo mi tribu. Y que mi tribu sabe hacer el pino mejor que la suya.

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