Quedé con mi colega Alberto el otro día.

Alberto lleva dos años diciéndome que va a escribir una novela. Una novela negra, ambientada en Lavapiés. Dice que tiene la trama, los personajes y el giro final pensados.

—¿Y qué tal, Alberto? —le pregunté—. ¿Cuántos capítulos llevas?

Alberto suspiró, removiendo el café con esa melancolía de artista torturado.

—Cero, tío. Es que no encuentro el momento.

—¿Cómo que no?

—A ver, Felipe... para escribir necesito entrar en "la zona". Necesito al menos tres horas seguidas, silencio absoluto, mi silla buena y que no haya nadie en casa. Y claro, con el curro, los niños y el perro... ese momento nunca llega.

Me entraron ganas de tirarle el café por encima.

—Alberto —le dije—, estás esperando a que se alineen los planetas. Y spoiler: los planetas pasan de tu cara. Si esperas al "momento perfecto", vas a publicar tu novela póstuma.

Alberto se ofendió. Me dijo que el arte no se puede apresurar.

Pero la realidad es que Alberto no tiene un problema de tiempo. Tiene un problema de perfeccionismo.

Y me dio rabia porque yo era EXACTAMENTE IGUAL con el entrenamiento.

Durante años, fui el "tiquismiquis" del gimnasio.

Si no tenía 90 minutos libres, mi pre-entreno tomado y la ropa adecuada... no entrenaba.

Pensaba: "Bah, para hacer 20 minutos de mierda, mejor no hago nada. O lo hago bien, o no lo hago".

Y así me pasaba semanas enteras sin mover el culo, esperando ese bloque de tiempo mágico que nunca aparecía.

Hasta que un día, probablemente después de escuchar a los Pablos llamarme gilipollas con mucho cariño, lo entendí:

Un entrenamiento de mierda es infinitamente mejor que ningún entrenamiento.

Hacer 15 minutos de flexiones en calzoncillos mientras se cuece la pasta SUMA.

Hacer movilidad de cadera mientras ves una serie SUMA.

La perfección es enemiga de la constancia.

Si tú también eres como Alberto (o como mi yo del pasado) y piensas que si no tienes una hora libre no merece la pena ponerte las zapatillas, tienes que ver el vídeo de hoy.

Pau ha subido sus cinco estrategias para entrenar cuando no tienes tiempo.

No son trucos de magia para parar el reloj. Son formas de estructurar tu entrenamiento para que, incluso en los días más caóticos, puedas cumplir.

Para que dejes de esperar a la "cabaña en el bosque" y empieces a escribir tu novela (o a construir tu cuerpo) en los ratos muertos.

Aquí tienes el manual para gente ocupada:

[Cinco estrategias para entrenar sin tiempo]

Felipe.

P.D.: Le dije a Alberto que escribiera 10 minutos al día en el metro, en las notas del móvil. Me miró con asco. "Eso no es literatura", dijo. Bueno, pues sigue esperando a la musa, Alberto. Yo me voy a entrenar 20 minutos.

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