Tengo un amigo, Borja, que es la definición gráfica de "estar fuerte".

Hace CrossFit seis días a la semana. Tiene venas en las venas. Sus trapecios tocan sus orejas. Si le ves por la calle, piensas: "Joder, con ese tío no me peleo".

El otro día le pedí ayuda para una mudanza.

—Claro, Felipe. Esto para mí es un calentamiento —me dijo, mientras se ajustaba las muñequeras (sí, las llevó a la mudanza, por si acaso una caja le retaba a un WOD).

Empezamos a mover bultos. Borja cogía las lavadoras como si fueran cajas de zapatos. Subía sofás por las escaleras de dos en dos, silbando. Una máquina hidráulica con patas.

Hasta que llegó el momento de cambiar una bombilla del pasillo.

El techo no es muy alto. Borja cogió la bombilla, levantó el brazo y...

CRACK.

Se quedó congelado a mitad de camino. Su cara pasó de "Bestia Parda" a "Cervatillo Herido" en 0,2 segundos.

Para conseguir que su mano llegara al casquillo, tuvo que arquear la espalda tanto que parecía la niña del exorcista bajando las escaleras.

Su hombro se había bloqueado a la altura de la oreja. No subía más.

—¡Ay, ay, el manguito! —gritó, soltando la bombilla (que yo cogí al vuelo, gracias a mis reflejos ninja)—. Es que ayer tocaron overhead squats y estoy cargado.

No pude evitarlo. Me empecé a reír.

—Borja, tío —le dije, dándole golpecitos en ese deltoides que parecía una roca—, ¿sabes a qué me recuerdas? A un Action Man.

Me miró ofendido, sujetándose el brazo.

—¿Por lo fuerte?

—Por lo rígido. ¿Te acuerdas de esos muñecos? Estaban mazadísimos, pero tenían un defecto de fábrica: el plástico hacía tope. Si intentabas subirles el brazo más de la cuenta... ¡CRACK! Se lo arrancabas.

Se quedó callado, procesando el insulto.

—Mírate, Borja —seguí hurgando en la herida—. Tienes unos hombros como cocos, pero la funcionalidad de un mueble antiguo. Para levantar la mano tienes que partirte la columna vertebral. Has construido un castillo de músculos sobre unos cimientos de cristal, macho. Mucho levantar ruedas de tractor, pero te derrota una bombilla de 60 vatios.

—Ya, bueno... es que tengo mucha masa muscular y eso limita... —intentó excusarse.

—Y una mierda limita. Lo que limita es que tu hombro no sabe lo que es la flexión real. Si sigues así, en dos años no vas a poder peinarte sin pedirle ayuda a tu lumbar.

Le vi tan jodido (y tan humillado por la bombilla) que me dio pena.

Borja cree que la solución es "fortalecer más" a lo bruto, o "estirar" pasivamente como si fuera de chicle. Pero no puedes arreglar una bisagra oxidada a base de martillazos.

Así que le he mandado el programa de Hombros antifrágiles.

Es el manual de reparación para Action Mans como él.

No es un programa de "relajación". Es un sistema por niveles para que, paso a paso, desbloquees el rango que te falta y, lo más importante, te hagas fuerte en él.

Para que puedas colgarte de una barra, hacer un snatch o cambiar una bombilla sin parecer un T-Rex intentando rascarse la espalda.

Si tú también notas que tus hombros tienen "tope" de plástico o te da miedo levantarlos más de la cuenta, échale un ojo antes de que hagas CRACK como Borja:

[Deja de ser un Action Man]

Felipe.

P.D.: Al final cambié yo la bombilla. Borja se quedó abajo sujetando la escalera y mirándome con envidia cochina porque podía levantar el brazo en vertical sin desmontarme la espalda. A veces, la verdadera fuerza es simplemente que tu cuerpo funcione.

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