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El sábado fui a cenar a casa de mi colega Rafa.
Rafa es un tío estupendo, pero tiene más voluntad que talento. Al terminar de cenar, se levantó con un brillo especial en los ojos y dijo la frase maldita:
—Felipe, siéntate ahí, que te voy a preparar un gin-tonic premium. Me he comprado un kit de coctelería. Vas a flipar.
Yo temblé.
Me senté en el sofá y observé el espectáculo desde la distancia.
Rafa sacó un vaso de tubo (primer error, cárcel inmediata).
Le echó dos hielos de esos blancos y pequeños que se derriten si los miras fijo (segundo error).
Volcó la ginebra "a ojo", que en su sistema métrico significaba llenar medio vaso.
Y luego, el crimen final: tiró la tónica desde medio metro de altura, rompiendo todas las burbujas contra el cristal, como si estuviera escanciando sidra en Asturias.
Removió aquello con una cuchara sopera y me lo plantó delante con una rodaja de limón que parecía cortada con un hacha.
—Pruébalo. Néctar de dioses —dijo, orgulloso.
Le di un trago.
Estaba caliente. Estaba aguado. No tenía gas. Era una sopa de alcohol con sabor a limón pocho.
—Rafa —le dije, dejando el vaso en la mesa con delicadeza—, esto no es un gin-tonic. Esto es una agresión.
—¿Pero qué dices? Si lleva ginebra buena y tónica cara.
—Ya, pero lo has hecho a ojo. Has matado el carbónico al tirarlo así. El hielo es basura y se ha aguado en diez segundos. Tienes los ingredientes caros, sí, pero no tienes ni idea de las proporciones ni de la temperatura.
Rafa se defendió diciendo que la coctelería es "arte" y que medir es de cobardes. Que lo importante es el "cariño" que le pones.
Y ahí está la clave del desastre.
Rafa cree que el resultado depende de la "magia" o del "cariño", cuando en realidad depende de la física y la química. Un barman bueno no le pone "cariño"; le pone 5cl exactos, usa hielo roca a -18ºC y vierte la tónica con una cuchara trenzada para no romper la burbuja.
No adivina. Mide.
Tiene un espacio preparado donde todo está controlado para que el resultado sea siempre perfecto, no una lotería.
Y es curioso, porque si cambiamos "ginebra" por "cadera" y "hielo" por "fuerza", Rafa es el retrato exacto de cómo nos movemos la mayoría.
Vamos al gimnasio y hacemos las cosas "a ojo".
Tiramos un poco del isquio (sin medir cuánto). Hacemos unos rebotes (sin controlar la fuerza). Nos colgamos de una barra (sin saber el tiempo). Le ponemos "cariño", pero no le ponemos ciencia.
Y luego nos extraña seguir igual de rígidos.
Si quieres dejar de hacer "sopas" y empezar a tener resultados predecibles, necesitas dejar de adivinar y empezar a cuantificar.
Necesitas montar tu propia barra de bar, pero para tus articulaciones.
Los Pablos, que son unos frikis de cuidado (y que seguro que miden la ginebra con pipeta, si es que la toman), han sacado un vídeo explicando el concepto del laboratorio de movilidad.
Básicamente, te enseñan a montar un espacio en casa donde:
Dejas de entrenar "a ojo" y empiezas a usar métricas reales.
Tienes las herramientas justas para aplicar la fuerza exacta que necesitas.
Entiendes la diferencia entre "estirar un rato" y "generar adaptaciones en el tejido".
Si quieres saber qué necesitas para montar tu laboratorio y dejar de jugar a la lotería con tu cuerpo, aquí tienes la masterclass:
[Monta tu propio Mobility Lab en casa]
Felipe.
P.D.: Al final le regalé a Rafa un medidor (un jigger) y le enseñé a no romper la burbuja. El siguiente estaba mejor. Cuando mides y tienes las herramientas, dejas de depender de la suerte. Con tu cuerpo pasa lo mismo. |