Todo empezó porque mi colega Nacho, que lleva tres meses yendo a jiu-jitsu brasileño (BJJ) y ya se cree un samurái, me vendió la moto.

—Felipe, tío, tienes que venir. Es increíble. Lo llaman "el arte suave". Es como ajedrez humano. No necesitas fuerza, solo técnica y palancas. Es pura intelectualidad física.

Yo, que soy un flipado y me imaginé moviendo piezas con la mente mientras tomaba té verde con un kimono de seda, dije que sí.

Grave error.

Llegué al tatami. El olor era una mezcla de desinfectante barato y testosterona fermentada. Me dieron un "gi" (el pijama de karate ese) que me quedaba como un saco de patatas y me lanzaron a los leones.

Mi primer compañero de baile no fue un gran maestro zen. Fue Roberto.

Roberto es un gestor administrativo de 45 años, con pelo en la espalda y una barriga cervecera compacta.

—¿Listo? —me preguntó Roberto.

—Listo —dije yo, pensando en mi estrategia de ajedrez. «Si él mueve alfil a E4, yo responderé con...».

No me dio tiempo a mover ni un peón.

En tres segundos, Roberto se había convertido en una boa constrictor humana.

Yo estaba en el suelo. No sabía dónde estaban mis brazos. No sabía dónde estaban sus piernas. Solo sabía que tenía la rodilla de un señor de Murcia clavada en el esternón y que el oxígeno se había convertido en un artículo de lujo.

Intenté empujar: error. Me cogió el brazo.

Intenté girar: error. Me cogió el cuello.

Intenté rezar: error. Dios no tiene cobertura en el tatami.

Aquello no era ajedrez. En el ajedrez, el caballo no te restriega el sudor de la frente en la cara mientras te estrangula con tu propia ropa.

Salí de allí con el ego machacado, el cuerpo doblado en ángulos no euclidianos y una única certeza: no tenía ni puta idea de lo que había pasado.

Y ese es el problema del BJJ (y de casi todo cuando empiezas).

Es un océano de información. Hay mil guardias, tres mil pases, cinco mil sumisiones. Y tú eres un cinturón blanco flotando en medio de la tormenta, tragando agua, intentando sobrevivir a los "Robertos" del mundo sin saber ni por dónde te da el aire.

La mayoría de la gente lo deja en este punto. No porque sea duro (que lo es), sino porque sentirse perdido es una mierda.

Llegas a casa y piensas: "¿Para qué voy a volver si soy un muñeco de trapo?".

Pues bien, si hubiera tenido lo que Pablo ha subido hoy a YouTube, mi dignidad (y mi cuello) estarían intactos.

Pablo es cinturón marrón. Lleva años revolcándose por el suelo y da clases en su gimnasio (Meta Gym). Vamos, que ha visto a cientos de Felipes perdidos.

Y ha grabado la Hoja de Ruta Definitiva para Cinturones Blancos.

Es el vídeo que me habría gustado ver antes de entrar ahí. Pablo te explica:

La mentalidad: Por qué ir a "ganar" el combate siendo novato es la receta para frustrarte (y lesionarte).

El mapa: Qué guardias aprender primero y qué pases son los básicos. Para que dejes de improvisar y tengas un plan A.

Cómo mirar: Estrategias para entender qué coño está pasando, en lugar de ver solo un nudo de extremidades.

Es, básicamente, el manual de instrucciones para que el "ajedrez humano" deje de ser una paliza incomprensible y empiece a tener sentido.

Si estás empezando, si te lo estás pensando o si te sientes como una tortuga boca arriba cada vez que vas a entrenar, tienes que ver esto.

Aquí tienes el salvavidas:

[SOBREVIVE A TU PRIMER AÑO DE BJJ]

Felipe.

P.D.: Al final de la clase, Nacho me preguntó qué tal. Le dije que bien, que muy interesante el jaque mate que me hizo Roberto con su axila. Si vas a jugar, al menos apréndete las reglas.

P.D. 2: En serio, lo de "arte suave" es el mayor bait de la historia del marketing. Prepárate para sudar.

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