Hay una línea muy fina entre ser un "atleta de vanguardia" y ser el "loco del pueblo".

Y esa línea, amigo mío, es la soledad.

Recuerdo perfectamente mis primeros días intentando moverme "diferente" en el parque. Antes de conocer a los Pablos, a Pai-Do Mei y a toda esta tropa de degenerados articulares.

Iba yo solo al parque de debajo de mi casa.

Me ponía en el césped y empezaba a hacer mis pinitos en locomoción. Intentaba un "Lagarto", rodaba por el suelo, probaba a hacer el pino contra un árbol que claramente no quería ser tocado.

La gente pasaba y el ambiente se tensaba.

Las madres agarraban a sus hijos y cruzaban de acera.

Los jubilados que jugaban a la petanca dejaban de tirar y me miraban con esa mezcla de lástima y preocupación, debatiendo si llamar a una ambulancia o a la perrera.

Un perro me ladró una vez. No era un ladrido de "quiero jugar". Era un ladrido de "tío, das vergüenza ajena, levántate".

Yo me sentía fatal. Me sentía un proscrito. Un error en Matrix.

Pero un día, todo cambió.

No porque dejara de hacer el ridículo (sigo haciéndolo, a veces me caigo de boca intentando cosas que no debo).

Cambió porque encontré a la manada.

De repente, ya no era yo solo reptando por el suelo. Éramos diez tíos reptando por el suelo.

Y ahí ocurrió la magia.

Cuando un tío solo hace cosas raras en un parque, es un perturbado.

Pero cuando diez tíos hacen cosas raras a la vez... ¡ah, amigo! Eso es una DISCIPLINA. Eso es una METODOLOGÍA.

La gente ya no nos miraba con miedo, nos miraba con curiosidad. "Deben ser de alguna secta de artes marciales o algo", pensaban.

El poder del grupo es la hostia. Te valida. Te da una identidad. Convierte tu locura en algo socialmente aceptable.

Y, ¿sabes qué es lo que termina de sellar ese pacto de sangre?

El uniforme.

Cuando llevas la camiseta del equipo, ya no eres un pringao improvisando. Eres un miembro oficial. Eres parte de algo más grande que tu propia torpeza.

Hasta ahora, la ropa de la secta Enso Movers estaba guardada bajo llave, solo para los iniciados de muy alto nivel (o sea, los Pablos y cuatro gatos más).

Pero han decidido abrir el armario.

Sí. Ahora tú también puedes llevar el uniforme.

Ahora puedes ir al parque, ponerte a hacer el pino-puente y, cuando la gente te mire raro, señalarte el pecho con orgullo. No pensarán "mira ese loco", pensarán "ah, es un Enso Mover, esos están todos tarados, pero son buena gente".

Han sacado una colección de camisetas y sudaderas para que te sientas parte de la tribu (y para que vayas guapo, que esa camiseta de publicidad de "Ferretería Manolo" que usas ya tiene muchos agujeros).

La cosa funciona así:

El plazo: El chiringuito de ropa cierra este domingo a las 23:59. Si no la pides antes, te quedas sin uniforme y vuelves a ser el loco solitario del parque.

La variedad: Hay varios colores y modelos. No me preguntes cuáles, entra al formulario y cotillea.

El tallaje: Ahí mismo tienes las medidas. Mídete, por favor. No pidas una S si tienes espalda de estibador portuario, ni una XL si eres un fideo, que luego pareces un rapero de los 2000.

El envío: Los gastos varían según lo que pese tu pedido. Si pides para vestir a toda tu familia, costará más que si pides una camiseta suelta. Lógica aplastante.

Si alguna vez has querido sentir que perteneces a esta panda de frikis del movimiento, o simplemente quieres entrenar con ropa que mola y que aguanta tus revolcones por el suelo, este es el momento.

Aquí tienes el formulario para pedir tu indumentaria de sectario:

[Únete a la secta aquí]

Yo ya tengo la mía. Y te juro que el perro del parque ya no me ladra. Ahora me respeta.

Felipe.

P.D.: Recuerda, domingo a las 23:59 se acaba. No te quedes fuera de la tribu.

P.D. 2: Si compras la sudadera, póntela para la cena de Navidad. Nada le dice a tu cuñado "soy superior a ti" como una sudadera de gente que sabe moverse mejor que él.

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