El otro día estaba yo en el gimnasio, intentando dislocarme el hombro con cariño (ya sabes, movilidad articular), cuando noté una sombra acechando.

Era Andrea.

Me miraba con esa mezcla de curiosidad y desprecio que pone cuando ve a alguien haciendo algo que no sea sentadilla, banca o peso muerto.

Se acercó, miró a los lados para asegurarse de que ninguno de sus "bros" del powerlifting la veía, y me susurró:

—Oye, Felipe... he estado pensando. Igual debería empezar a hacer algo de eso que haces tú. Lo de la movilidad.

Casi se me caen las lágrimas de la emoción. La Reina del Hip Thrust, la mujer que considera que "rango de movimiento" es lo que tardas en ir del sofá a la nevera, quería unirse al lado oscuro.

—Hostia, Andrea —le dije—. Me alegro. ¿Por qué el cambio?

—Porque ayer me fui a rascar la espalda y casi me tengo que llamar a una ambulancia —confesó—. Estoy más rígida que un Playmobil nuevo. Así que he pensado que hoy, después de meterle 120 kilos en banca, me voy a poner en la colchoneta a forzar los isquios hasta que llore. A ver si estiro el músculo o lo parto, lo que pase antes.

Se me heló la sangre.

—Andrea, por el amor de Dios. No.

—¿Por qué no? —me soltó, ofendida—. Si quiero ser flexible, tendré que estirar, ¿no? Cuanto más duela, más estira. No pain, no gain, Felipe.

Y ahí vi el problema.

Andrea (y medio mundo) se cree que la movilidad es sentarse en el suelo, poner cara de estreñimiento y tirar de un músculo como si fuera un chicle Boomer hasta que ceda.

Creen que es algo pasivo. Algo de "relajarse". O peor, algo de sufrir aguantando una postura imposible rezando para no romperte.

—Andrea —le intenté explicar—, la movilidad no es estirar. La movilidad es fuerza. Es convencer a tu sistema nervioso de que es seguro estar en esa posición. Si te pones a forzar sin control, lo único que vas a conseguir es una rotura de fibras muy mona y dos meses de baja.

Me miró como si le estuviera hablando en arameo antiguo.

—¿Fuerza? ¿Pero no es para relajarse? —preguntó, con el cerebro a punto de hacer cortocircuito.

Como vi que si seguía explicándole yo iba a acabar frustrado y ella lesionada, decidí usar el comodín del público. O sea, el comodín de Pablo.

—Mira, Andrea. Deja la colchoneta quieta. No fuerces nada. Si de verdad quieres dejar de ser un bloque de hormigón con patas y no romperte en el intento, tienes que entender qué coño es la movilidad de verdad.

Le pasé el vídeo que ha subido Pablo hoy.

Es la guía definitiva de "Movilidad para Dummies" (o sea, para gente como Andrea y como yo).

En el vídeo, Pablo explica por qué estirar no es lo mismo que movilizar, por qué la fuerza a final de rango es lo único que te va a salvar de la lesión y, sobre todo, cómo empezar sin hacer el bruto.

¿Es peligroso? Si lo haces como Andrea pensaba, sí.

¿Cuánto tiempo necesitas? Menos del que crees.

¿Sirve de algo si eres más rígido que una viga de acero? Sí, es justo para ti.

Se lo he mandado a Andrea. De momento no me ha contestado, pero la he visto en una esquina del gimnasio mirando el móvil y asintiendo con cara de concentración (la misma que pone cuando calcula los macros del arroz).

Si tú también tienes dudas, o si crees que "movilidad" es solo para contorsionistas y gente que come tofu, échale un ojo. Te va a ordenar las ideas (y a salvarte los isquios).

[Movilidad para Dummies (y para Andrea)]

Felipe.

P.D.: Andrea me ha preguntado si la movilidad cuenta como cardio. Le he dicho que sí para que lo haga. No se lo digáis a nadie.

Enso Movers
Reexamina todo lo que te han contado
youtube  soundcloud  instagram 
Cancelar la suscripción   |   Gestiona tu suscripción   |   Ver online