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Nochebuena. La mesa puesta, el olor a pavo asado flotando en el aire, las discusiones familiares sobre política apagadas por el tintineo de las copas. Un escenario idílico.
Hasta que apareció él. Mi cuñado.
Envalentonado por el tercer plato de cordero y con la barriga cervecera brillando bajo la luz del salón, se acercó con esa sonrisa de sabelotodo que tanto me saca de quicio.
—Así que tú, eh, Felipe —dijo, apoyando una mano en mi hombro con esa familiaridad forzada—. ¿Otro año con el gimnasio? ¿Otro intento de ponerte en forma antes de los 40? A ver si este año de verdad...
Se rio. Una risa floja, de esas que te dicen "lo típico, otro iluso más".
Y sí, no le faltaba razón. Durante años, mis propósitos de Año Nuevo se desmoronaban más rápido que un castillo de arena en la primera ola. Promesas de madrugones al gimnasio, dietas milagro y cero azúcares. El resultado: un enero de agujetas insoportables y un febrero en el sofá con una bolsa de patatas.
Pero este año es diferente.
Mientras mi cuñado seguía con su monólogo de desmotivación, yo solo sonreía. Tenía mi secreto guardado. Mi plan maestro.
No le voy a decir que voy a empezar a entrenar "fuerte". Ni que voy a hacer "la dieta más estricta del mundo".
Le voy a decir que este año, por fin, tengo una guía.
Una guía que no me dice "haz X, Y, Z sin ton ni son", sino que entiende mi cuerpo, mis miedos (sí, cuñado, también los míos) y mis objetivos.
Una guía que no me promete milagros de Nochevieja, sino un plan de ingeniería para derribar las barreras que yo mismo me pongo.
En resumen: le voy a decir que me he apuntado al Online Coaching de Enero-Marzo con Enso Movers.
Y mientras mi cuñado me suelta el rollo sobre la "genética" y el "metabolismo lento" (conceptos que él ha sacado de un vídeo de YouTube de 5 minutos), yo sonrío por dentro.
Porque yo sé que esto no es una promesa vacía. Es un compromiso con un plan. Es tener a los Pablos, que sí saben de esto, detrás diciéndome exactamente qué hacer, cómo hacerlo y por qué.
No voy a empezar el año a ciegas, como mi cuñado, que probablemente mañana se dará cuenta de que el gimnasio está cerrado o que no tiene ni idea de cómo usar la máquina de extensiones de cuádriceps.
Yo voy a empezar con mi plan hecho a medida, diseñado después de una evaluación seria (que ya me hicieron en diciembre, por cierto).
Así que, mientras él se ríe de mis "propósitos imposibles", yo sé que tengo la sartén por el mango. Tengo la receta.
Y sí, sé que parece pronto para hablar de enero, pero las plazas para el Online Coaching se cierran. No queda nada. Y los que entran ahora, se aseguran de empezar el año sin improvisar, sin frustrarse y, lo más importante, sin parecer un cuñado riéndose de sí mismo.
Así que, si quieres dejar de ser la comidilla de la cena de Navidad el año que viene, y empezar a tener resultados de verdad, este es tu momento.
[Quiero mi plan de Enso (antes de que mi cuñado me dé otro consejo)]
Esta noche, mientras todos brindan por los propósitos que se olvidarán el 15 de enero, yo brindaré por empezar con un plan sólido. Y, de paso, por callarle la boca a mi cuñado.
Felipe.
P.D.: Si tu cuñado te dice que la creatina te hace calvo, dile que le pases el vídeo de Pau. Y si te pregunta por qué estás tan tranquilo, dile que es porque ya tienes tu plan y no necesitas hacer promesas vacías. Feliz Nochebuena. |