Ayer fui al supermercado a por leche y acabé sufriendo un ataque de ansiedad visual.

Iba yo tan tranquilo, con mi cesta en la mano, pensando en mis cosas (probablemente en si cenar tortilla o pedir una pizza), cuando giré la esquina del pasillo central.

Y ahí estaba.

El Apocalipsis Glucémico.

Montañas de turrón. Torres de polvorones que desafiaban las leyes de la física. Cajas de bombones dorados brillando como si fueran el tesoro de Indiana Jones. Y un Papá Noel de chocolate de metro y medio mirándome fijamente con ojos de psicópata.

Miré el móvil.

"Pero si falta un huevo para Navidad", pensé. "Todavía voy en manga corta y estos ya me quieren vender mazapán".

Me indigné. Mucho.

Pensé en poner un tuit furioso. Pensé en quejarme al encargado por esta presión consumista que nos obliga a vivir en el futuro. Pensé en la decadencia de occidente.

Y mientras pensaba todo esto... cogí una tableta de turrón de chocolate crujiente y la metí en la cesta.

Sí. Soy débil. Y el marketing funciona.

Pero mientras masticaba mi derrota en el coche (porque no llegó a casa, obviamente), me di cuenta de una cosa.

Los del supermercado son unos cabrones, sí. Pero son unos cabrones listos.

No esperan al 24 de diciembre para poner el turrón. Si lo hicieran, sería un caos. No tendrían stock, la logística fallaría y la gente se quedaría sin su dosis de azúcar.

Se preparan con meses de antelación para que, cuando llegue el "momento de la verdad", todo esté listo y funcionando.

Y, joder, me duele admitirlo, pero con el entrenamiento pasa exactamente lo mismo.

Todo el mundo espera al 1 de enero.

Ese día, la gente se levanta con resaca y una epifanía mística: "Este año sí. Este año me pongo en forma".

Y se lanzan al gimnasio como pollos sin cabeza, sin plan, sin saber qué hacer, improvisando.

¿Resultado?

El 15 de enero están rotos, frustrados o aburridos. Y el 1 de febrero ya están otra vez en el sofá.

Esperar a enero para empezar a preocuparte por tu entrenamiento es como intentar comprar gambas a buen precio el día de Nochebuena. Tarde, mal y a rastras.

Por eso, aunque parezca que se nos ha ido la olla como a los del súper, los Pablos han abierto las plazas para el Online Coaching de enero-marzo.

No queremos venderte turrón antes de tiempo. Queremos que tengas la logística preparada.

El "truco" de que esto funcione no es la magia del año nuevo. Es la evaluación de diciembre.

Si te apuntas ahora, durante todo este mes los entrenadores se dedican a estudiarte. Ven cómo te mueves, qué te duele, qué necesitas y diseñan el plan a medida.

Así, cuando llegue enero y todo el mundo esté dando palos de ciego, tú ya tendrás tu hoja de ruta perfectamente trazada y lista para ejecutar.

Sin estrés. Sin improvisar. Sin hacer el canelo.

Las plazas son limitadas (porque los entrenadores son humanos y no elfos mágicos), y se llenan rápido.

Si quieres empezar el año con los deberes hechos y no con prisas de última hora, el momento es ahora:

[Quiero preparar mi enero desde YA]

Yo me voy a acabar el turrón. Al menos mi fallo de planificación ha estado rico.

Felipe.

P.D.: En serio, no seas el que espera a las uvas. La verdadera transformación se cocina antes. Diciembre es para medir, enero es para actuar.

P.D. 2: Si ves al Papá Noel de chocolate gigante, no le mires a los ojos. Huele tu miedo.

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